HOMENAJE LUCTUOSO HUMBERTO ROMERO




HOMENAJE LUCTUOSO HUMBERTO ROMERO
La Piedad


Por: Beatriz Pagés


Gracias señor Presiente Municipal por su generosidad. Y gracias a los amigos de Humberto Romero, mis amigos también, por considerar que puedo honrar la memoria de tan distinguido piedadense cuya dignidad emana de uno de los estados más bellos y mágicos de la república.


Lic. Ricardo Guzmán, Presidente Municipal de La Piedad de Cabadas.

Señoras y señores:

Humberto Romero publicó semanas antes de su muerte un libro titulado Los Dos Adolfos. El tamaño del libro, apenas de 134 páginas y el contenido anecdótico del mismo es una prueba innegable de que concibió la política como un ejercicio de lealtad. Pudo, como muchos lo han hecho, como muchos lo hacen, haber utilizado la posición privilegiada que siempre tuvo a lado de dos Presidentes de México,para revelar secretos de poder.

50 años después de haber dejado la Secretaría Particular de la Presidencia de la República pudo haber escrito un Best Seller y no lo hizo. Pudo haber desclasificado documentos, hacer
revelaciones, crear escándalos para reafirmar la leyenda de haber sido un hombre poderoso y no lo hizo.
No lo hizo porque para Humberto Romero no había y no debía haber política sin principios.

Murió y murió con él un país. Cuando le amputaron la pierna, la violencia ya se había encargado de amputar partes de México. Era
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visionario, y tenía consciencia de ese gran salto al vacío que hoy estamos dando los mexicanos. Por eso, en lugar de una herencia de vanidad, nos dejó 17 lecciones de sabiduría política publicadas en su libro y otras más que nos enseñó a sus amigos y sobre las que hoy quiero hablar.

La primera lección, nos decía, es que nadie puede defender lo que no quiere. A los mexicanos nos prohibieron utilizar
la palabra Patria, nos dijeron que la soberanía ya no existía, nos arrebataron los héroes, apagaron las notas del himno para que dejáramos de ser nacionalistas, nos obligaron a avergonzarnos de nuestras tradiciones, a olvidar nuestro idioma, nuestros colores, nuestros sabores y hoy tenemos el alma vacía. Vacío que ocupa la cultura de la violencia y contra la que no hay nada, excepto la justicia social, los valores, la legalidad, la reconstrucción de las instituciones. Nos han obligado, me decía Humberto, con ese lagrimeo siempre presente en su ojos saltones, a dejar de querer a México.

Y el culto a México, insistía, es la primera obligación moral y constitucional del Presidente de la República. ¿Cómo debe ser un Jefe de Estado? ¿Cómo debe ser un gobernante?, le preguntaban colegas periodistas con frecuencia. Y el ex Secretario de Prensa de Ruiz Cortines y el ex Secretario Particular de Adolfo López Mateos lanzaba una lista de recomendaciones. Definía el perfil de un jefe de Estado en función del sistema político autoritario que le tocó vivir, en el que se rendía culto a la personalidad del presidente, al caudillo, al jefe indiscutible de las instituciones de la República. Sin embargo, Humberto no se equivocaba cuando decía que un gobernante no podía se producto de la improvisación, que debía tener la humildad y la inteligencia necesarias para rodearse de los hombres y mujeres más capaces, más aptos en materia de administración pública, incluso, decía, de hombres y mujeres más capaces y más aptos que él. Y recordaba al ex presidente de Francia Francois Mitterrand a quien un día le preguntaron: “¿Qué es para usted el poder”? Y Miterrand contestó: “El poder puede servir para ayudar o para destruir. Pasé
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más de 20 años aprendiendo qué teclas tocar para ejercerlo sin hacer demasiado daño al pueblo que me eligió”

Pese a toda esa aureola, a ese rito que rodeaba a los presidentes de México y que sin duda envolvió a un Ruiz Cortines y a un Adolfo López Mateos, Humberto Romero ponía el acento en la sensibilidad social que necesita tener un político mexicano. Y es entonces, cuando platicaba la anécdota de los chiles, los tomates y cebollas, cuando acompañaba a sus “jefes” – como él les llamaba- a los mercados para conocer de la voz de la “marchanta” el precio del manojo de cilantro. “Yo les preguntaba
–platicaba Humberto- que para qué hacían eso, que ponían en riesgo su seguridad y metían en un lío al Estado Mayor Presidencial” Ellos me miraban de reojo y me contestaban que era la única forma de conocer los sentimientos del pueblo.

Humberto fue, sin duda, un hombre de partido, pero eso no puso freno a su vocación por la diversidad. Esta ceremonia que hoy se lleva a cabo a lado de su busto y a la que han acudido los más altos representantes de los poderes locales es una prueba de cómo obtuvo el respeto y la admiración de los opuestos.

Formó parte de una época en la que la honorabilidad de un político se medía en función de la fidelidad que guardaba a los principios fundamentales de su partido. Una época, por cierto, contraria a ésta, en la que las ideologías han sido traicionadas por sus mismos militantes.

En la que la ambición y el pragmatismo han desembocado en un vergonzoso circo maromero, en un juego de saltimbanquis donde se ve a los partidos despojarse de sus convicciones con la misma facilidad que un comediante cambia de vestuario.
Presenciamos cómo, en ese teatro de vodevil, la izquierda salta a la derecha; la derecha renuncia a su tradición humanista y el centro elige como eje la simulación, la ambigüedad y el oportunismo.

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Y ahí está, la ciudadanía, inmersa en una desorientación nunca vista, donde todo se confunde, votando por inercia, sin parámetros y sin pasión democrática. Decepcionada de la política, de los políticos y expuesta, por consecuencia, a ser rehén del crimen organizado.

Romero Pérez, fue testigo de esa descomposición política, ideológica, ética y moral.

Como priísta criticó de cara a su partido la traición al legado de la Independencia, al ideario de la Revolución, a las Leyes de Reforma. Criticó esa traición, no por ser un “ridículo anticuado” –como hoy se acostumbra llamar a quienes se atreven a tener identidad nacional- sino porque consideraba que cuando la política se practica apoyada en la mera brutalidad de la ambición, se llega a escenarios selváticos donde la lucha por el poder se vuelve descarnada.


Humberto fue uno de los mejores comunicadores que ha tenido la Presidencia de la República. Hoy, cuando se afirma que al gobierno federal le ha fallado la forma de comunicar, cobran vida las fórmulas que aplicaba Romero con los medios de comunicación. Estrategias muchos más simples y sencillas que la saturación de las pantallas de televisión con spots; recetas mucho más modestas que el uso de Internet, el Facebook o el Twitter; medidas mucho más económicas que la
compra de onerosos espacios en tiempo Triple A. El Secretario de Prensa de Ruiz Cortines hizo escuela al construir una relación predominantemente humana entre el gobierno y los periodistas.


Cuando llegaba a la Revista Siempre! y me pedía unos dulces de gomita como pago a la asesoría que me iba a dar me decía: “Un presidente no le puede exigir a los medios que lo entiendan si no les explica por qué hace lo que hace o por qué decide lo que decide”. Esta actitud podría resultar inexplicable en una época en
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que la libertad de expresión era todavía una aspiración , cuando nadie podía tocar como hoy se toca a la figura presidencial, cuando el derecho a la información no formaba parte de la defensa de los derechos fundamentales del hombre.

Humberto era, sin embargo, en eso un hombre de avanzada. Un día, del año 1962, llegó a ver a mi padre, al fundador de la Revista Siempre! y le dijo: “Vengo en nombre del Presidente López Mateos a pedirle un favor” “De qué se trata, Chino”, le contestó Pagés Llergo con sequedad. “De que abra las páginas de la revista a un grupo de intelectuales de izquierda que acaban de correr del periódico Novedades” “Y usted y el presidente para qué “chinchurrines” se meten en eso”. “Porque el presidente considera que se acaba de cometer una injusticia”. Fue así como Fernando Benítez, Carlos Fuentes, Carlos Monsivais, Elena Poniatowska, Vicente Rojo, entre otros dieron continuidad a un proyecto político cultural, llamado La Cultura en México que fue determinante en el Movimiento del 68.

Romero pudo haber escrito un libro sobre el arte de la sucesión presidencial. Decía que el principio y el final de un sexenio son las partes más finas y delicadas de la política. Es el prólogo y el epílogo. Es la última responsabilidad de un gobernante en la que poca o mucha, en forma directa o indirecta tiene influencia.¿Cómo elegir al sucesor sin equivocarse? ¿Cómo elegir al sucesor sin arrepentirse? ¿Cómo renunciar a la tentación del capricho? Preguntas que aún hoy- con todo y la evolución de la democracia- son válidas, siguen vigentes.

Ese era Humberto Romero. La dimensión de su generosidad le impedía tener fobias. Consideraba que la política era la vida misma y que no podía estar circunscrita a sectas, facciones, partidos o fanatismos. Lo mismo reconocía la grandeza de un Lázaro Cárdenas que la dimensión moral de un Manuel Gómez Morín. ¿Por qué no? El valor, la autoridad no la da un partido, la da el compromiso supremo de los hombres, su visión de Patria, lo

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ancho de su mirada. Todos cabían en el México de Humberto Romero, en la palma oceánica de sus manos, en
el gigantismo de su abrazo, en la calidez de su piel mestiza, en esa mirada que no era china sino purépecha.

Te fuiste Humberto y hoy nos toca hacer trascender tu herencia. Ese amor que sentiste por México y por esta tierra -en cuyo nombre reconocemos la piedad, el fervor religioso que sentiste por tus raíces-; ese amor que le tuviste a la vida, a tus hijos, a tu identidad y en el que reconocemos el antídoto contra la violencia; ese sentido que le diste a tu existencia tenemos que trasladarlo al corazón de una nación que se debate entre la vida y la muerte; entre la esperanza y la oscuridad. MUCHAS GRACIAS.






Con una sesión solemne de Ayuntamiento, que se comenzó a las 12:00 horas en el parque conocido como “La Placa”, donde se contó con la presencia de funcionarios del gobierno estatal y local así como de amigos y familiares se develó también un busto en su honor que será admirado y recordara a su paso constante para quien transite por el bulevar Adolfo López Mateos, donde quedó ubicado.
Asistieron los ex gobernadores como Víctor Manuel Tinoco, Luis Martínez Villicaña, el alcalde de Morelia Fausto Vallejo, los diputados Arturo Torres y Eduardo Villaseñor, Jaime Rodriguez el presidente del PRI estatal Mauricio Montoya Manzo, el Visitador de los Derechos Humanos de Zamora el Lic. Luis Alberto Montaño, el Presidente Municipal de Yurécuaro Ing. Jaime Pérez Gómez, y la sociedad piedadense como José Luis Sánchez Gutiérrez quien ha fungido varias veces como Juez del Registro Civil y actualmente es el Delegado Sindical del STASPE en La Piedad.
El alcalde Ricardo Guzmán Romero resalto a Don Humberto Romero Pérez quien siempre se mostró orgulloso de su tierra natal La Piedad y que por su legado al Municipio y la región permanece vivo su recuerdo.
El Secretario de Ayuntamiento, dio una reseña de la vida y obra del piedadense cuyos aportes le merecieron el merecido homenaje que conjunto a las autoridades de los diferentes niveles de gobierno.
Continúo el homenaje con la participación de La diputada Beatriz Pagés Rebollar, discurso que esta publicado integro en la página anterior.
Seguidamente le toco participar al Secretario de Finanzas del Gobierno del Estado Humberto Suárez López, quien a nombre del Gobernador Maestro Leonel Godoy Rangel, recalco la labor emprendida por Romero Pérez donde se destaca su apoyo a La Piedad y Michoacán.
El Lic. Sergio Padilla Magaña a nombre de la familia y amigos hizo el agradecimiento a todas las personas que asistieron al Homenaje.
Se invito a pasar a los presentes a la develación del Busto del Lic. Humberto Romero Pérez, pero en ese momento intempestivamente tomo el micrófono el Lic. Ramón Maya Morales y agradeció a las autoridades municipales el haber realizado el homenaje y también agradeció a las personas que contribuyeron con su aportación económica para la realización del busto entre ellos el Diputado Local Eduardo Villaseñor.
Acto seguido fue develado el busto y se colocaron varias ofrendas florales tanto del ayuntamiento como partidos políticos.